Retos y Futuro del Desarrollo Económico Local
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de 1986-1996 se percibe un ciclo de crecimiento económico, principalmente en lo
que se refiere al consumo, al empleo y al flujo de crédito. En España, Euskadi, Álava
y Vitoria se produce un segundo cambio estructural en este período, que como en el
resto de los territorios, sienta las bases de la Tercera Revolución Industrial, pero este
cambio estructural tiene mucha menos intensidad e impacto en el sistema productivo
local que el producido en el período 1970-1986, ya que no aparecen nuevos sectores
industriales posicionados en el núcleo tecnológico medio-alto, salvo empresas
cuyo grado de articulación sectorial o territorial no permite afirmar la existencia de
cambios estructurales de los sistemas productivos locales, a lo sumo ciertas formas
de cooperación interempresarial (clústers, agrupaciones de interés económico, etc.)
en las regiones de antigua industrialización.
Pero en nuestra opinión, el factor relevante en el modelo de desarrollo español en el
período 1996-2008, es la desregulación del mercado financiero (complementada con
una política agresiva de incremento de la dimensión empresarial de las instituciones
financieras) que permite un desbordamiento de la especulación financiera (dominada
por la banca y no por el mercado de valores) y un aumento enorme del crédito. En
paralelo se produce un incentivo fiscal desproporcionado dirigido a la compra de
bienes inmobiliarios, llevando la rentabilidad financiero-fiscal promedio de este sector
a tasas superiores al 20% anual, lo cual supone un TBR sectorial inalcanzable para casi
todos los sectores industriales o de servicios, excluidos algunos de nivel tecnológico
medio o medio-alto (nuevas tecnologías de la información y comunicación, biotec-
nologías, etc.). Esto supuso una redistribución progresiva de la inversión de capital
hacia el sector constructivo, la especialización financiera y algunas empresas de base
tecnológica, produciendo entre otros los efectos ya conocidos de caída de la produc-
tividad. Si bien es cierto que la inversión inmobiliaria es menor en términos relativos en
el modelo vasco de desarrollo de este período, no es menos cierto que no se ha salido
del monocultivo del metal y de su versión de automoción, salvo excepciones como la
aeronáutica y las energías renovables.
No podemos obviar sin embargo, que las instituciones locales (región, provincias,
Territorios Históricos, municipios) seguían con el discurso innovador (nueva economía,
economía del conocimiento, industrias culturales, etc.) en el modelo vasco durante el
período 1996-2008, manteniendo el esfuerzo inversor, pero lo cierto es que con poco
éxito empresarial, quizás debido al limitado esfuerzo inversor en la actividad produc-
tiva real. No obstante, su actitud es racionalmente económica, ya que frente a tasas
medias de rendimiento inmobiliario superiores al 20%, y tasas medias de rendimiento
de la inversión financiera superiores al 10%, era muy difícil, dados los costes empre-
sariales en el territorio español y vasco, alcanzar el 10% de rendimiento medio en la
actividad económica e industrial y en la mayoría de los servicios.
De forma progresiva, el esfuerzo inversor público se centró al igual que el privado,
en el “ladrillo y hormigón”, aunque se concretase en el Tren de Alta Velocdad, en
aeropuertos, superpuertos, autovías, etc., complementado con una enorme inversión
en marca y mercados, que en el caso de las instituciones locales se convierte en la
inauguración de la cultura pública del “eventismo” y el marketing socio-político. El