Retos y Futuro del Desarrollo Económico Local
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las restricciones que impone la cuestión medioambiental y energética. Ello implica
un replanteamiento del rol del sector público local que debe dejar de ser un inter-
locutor orientado a legitimarse gracias al crecimiento económico generado a partir
de la interacción con agentes económicos con recursos, a menudo promoviendo un
crecimiento desvinculado de sus consecuencias sociales y ambientales, para transfor-
marse en agente incentivador o catalizador de un desarrollo local ligado a cuestiones
de equidad social y sostenibilidad medioambiental y energética.
Con la voluntad de avanzar en este debate, en los siguientes apartados se
identifican elementos problemáticos del anterior crecimiento que han contribuido a
las dificultades que enfrentamos. Se apuntan líneas ideológicas que han marcado
las estrategias de crecimiento, al igual que marcos interpretativos que no se han
cuestionado apropiadamente. A continuación se plantea una reflexión sobre el rol del
sector público, quien por su posición de intermediador es el agente adecuado para
coordinar y facilitar proyectos de desarrollo que respondan a criterios de calidad de
vida de la población en la medida en que, como destaca Benería (2003), el concepto
clave cuando se habla de desarrollo debe hacer referencia a lo que es valioso para
una sociedad. Se concluye apuntando la necesidad del replanteamiento del concepto
de desarrollo, cuestionando el concepto de innovación estrictamente relacionado con
lo tecnológico y ampliando la innovación al ámbito de lo social y lo político.
3.2.
Los pilares problemáticos del anterior crecimiento y de las
soluciones actuales
En el análisis de las estrategias de crecimiento local a partir de finales de la década
de 1980, se pueden identificar cuatro tendencias en políticas de desarrollo local que
se han ido afianzando paulatinamente y que suponen un cambio ideológico muy sig-
nificativo respecto a las políticas incentivadas desde el sector público en las décadas
anteriores. Son tendencias que se hacen evidentes inicialmente en el ámbito anglosa-
jón (Jessop, 2002) y que, paulatinamente, se extienden a numerosos territorios de
economías avanzadas y que han acabado de consolidarse como de “sentido común”.
De forma incongruente estas estrategias, en lugar de cuestionarse a partir de la crisis,
se han radicalizado y legitimado como solución a los problemas que contribuyeron a
generar.
Esquemáticamente, estas cuatro características incluyen, en primer lugar, el creciente
dominio de las políticas de innovación tecnológica y competitividad frente a las políti-
cas tradicionales de empleo y planificación. En segundo lugar, y estrechamente vin-
culado al primero, se observa cómo los programas de política social y de empleo
han quedado subordinados a programas de política de desarrollo y crecimiento
económico vinculados a la atracción de capital humano. En tercer lugar, y bajo el
término de gobernanza, se ha difundido un tipo de gobernabilidad difusa con paula-
tina disminución del rol de liderazgo del sector público en contraposición al creciente
dominio de coaliciones público-privadas. Finalmente, y acompañado de la dificultad