Retos y Futuro del Desarrollo Económico Local
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Se puede, por tanto, considerar que la crisis está legitimando un modelo que
sistemáticamente desplaza la responsabilidad y la culpa de la mala gestión
macroeconómica a otras instancias, y que se complementa con una ofensiva contra el
Estado del Bienestar y el sector público más cercano al ciudadano, el del ámbito local.
Ello se plasma en el recorte de actividades y programas de ayuda social y desarrollo
local, junto a la aplicación de una disciplina fiscal extrema a escala sub-nacional, con
formas imperativas de recortes en las atribuciones municipales, rondas de privatización
y liquidación de activos públicos (Peck, 2012 y 2013). La contraofensiva a esta
tendencia no es fácil, pero requiere empezar a debatir la capacidad de reinvención
del sector público local.
3.4.
Reflexiones finales: de la innovación tecnológica a la innova-
ción social y política
La facilidad con la que los agentes encargados de la promoción de las políticas de
desarrollo económico local han internalizado la idea de que la innovación -entendida
básicamente como innovación tecnológica- es necesaria e incuestionable, ilustra la
poca reflexión crítica que se ha realizado sobre si la innovación tecnológica es real-
mente necesaria, si es siempre algo positivo para los territorios y su población, y en
el caso de que la respuesta sea positiva, sobre quién se beneficia de ella (Shearmur,
2012).
De este modo, primando el concepto de innovación a partir de criterios técnicos se
han popularizado diversos conceptos que incluyen las learning cities (OCDE, 2001),
creative cities (Hall, 2000; Florida, 2002), intelligent cities (Komninos, 2002), knowledge
cities (Van Winden et al., 2007) y finalmente las smart cities (Campbell 2012; Deakin
et al., 2012). Ironizando en torno a estas tendencias, Borja (2013) se pregunta si es que
hubo alguna vez “ciudades tontas”...
En la búsqueda de alternativas a la presente situación hay dos aspectos que mere-
cen especial atención, y que tienen implicaciones directas sobre qué estrategias se
pueden seguir desde el ámbito público en políticas de desarrollo local. El primero
hace referencia a la disminución de la capacidad adquisitiva real de amplias capas de
la población y la pérdida de calidad de vida; mientras el segundo se refiere a la prob-
lemática de la degradación medioambiental y el reto energético. A ningunas de estas
dos problemáticas, las teorías arriba apuntadas han aportado soluciones válidas.
A pesar de que la crisis de las economías avanzadas ha puesto de manifiesto las
limitaciones en la capacidad de consumo de la ciudadanía, de hecho, la disparidad
entre el crecimiento de la oferta de productos y servicios por un lado, y la capacidad
de demanda en función de la renta real de las familias de economías avanzadas como
la española, por otro lado, no es un fenómeno iniciado con la crisis. Se trata de una
tendencia que empezó a manifestarse a partir de los años noventa. La introducción
de nuevos procesos tecnológicos y la globalización de la economía, con la aparición