Retos y Futuro del Desarrollo Económico Local
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el mundo tiene algo que aportar), y detecten y aprovechen las oportunidades de
generación de valor que les permitan resolver sus necesidades.
c)
Tercera, las políticas municipales deberían ser coproducidas con la participación
de todos los actores del territorio que estén comprometidos en la mejora de las
condiciones de vida, en el marco de instancias conjuntas de gobierno. Se trataría,
pues, de pasar de la tan alardeada colaboración público-privada, que muchas veces
esconde procesos de privatización y de transferencia de recursos de lo público
hacia las grandes empresas capitalistas, a una colaboración público-comunitaria,
en que lo público estatal es preservado y desarrollado, pero al mismo tiempo
democratizado e intervenido por lo público-comunitario en forma de participación
de los usuarios, de gestión asociativa y comunitaria, de rendición de cuentas y de
transparencia.
d)
Cuarta, es necesario impulsar proyectos integrales de desarrollo, que aúnen lo
económico con lo social, del mismo modo que las empresas y entidades de ESS no
sólo satisfacen necesidades materiales, sino que también empoderan a las perso-
nas, reconstruyen vínculos, generan identidad colectiva y profundizan la democra-
cia.
e)
Quinta, es toda la política municipal (educación, cultura, sanidad, medio ambiente,
urbanismo, participación…) la que necesita impregnarse de los valores y usar los
instrumentos de la ESS, y no sólo las oficinas de promoción económica.
f)
Sexta, una política de desarrollo local que tenga en la ESS uno de sus principales
instrumentos y aliados debe alentar un enjambre de micro iniciativas económicas
comunitarias, pero complementarlas con proyectos de mayor envergadura que in-
volucren de manera significativa a los distintos agentes del territorio, impliquen
cambios en muchos ámbitos a la vez y se erijan en emblema y referente de la nue-
va economía que tan trabajosamente se está construyendo. Algunos ejemplos de
proyectos tractores son los espacios físicos que concentran muchas actividades
de ESS, las marcas o campañas globales (de municipios cooperativos, ciudades en
transición, slow cities, etc.), o la creación de monedas locales que favorezcan un
determinado tipo de consumo, más local y socialmente responsable, impidiendo
que el dinero sea drenado fuera del territorio.
Para terminar, intuimos que el desarrollo de la ESS, y con ella el de nuestros
municipios, no será fácil. A diferencia de países como Francia o Italia, en donde las
administraciones locales fomentan la ESS desde hace décadas, nosotros partimos
prácticamente de cero. Asimismo, sabemos que dicha estrategia choca con límites.
Sería un error idealizar la capacidad transformadora de la ESS o del desarrollo local
dentro del sistema capitalista; su capacidad para mejorar las condiciones de vida de
la población es limitada, pues ni la ESS ni los entes locales disponen del poder ni los
recursos suficientes para llevar a cabo las profundas transformaciones estructurales
que se requerirían. Sin embargo, alertar de las dificultades y los límites no debería
hacernos desistir incluso antes de empezar. Lo que es seguro es que las políticas