Retos y Futuro del Desarrollo Económico Local
[
86
]
lación a los objetivos que se han fijado. En este sentido, sería un ejercicio interesante,
aunque peligroso, leer aleatoriamente los preámbulos de algunos proyectos que se
han desarrollado a lo largo de estos 25 años (Now, Horizon, Leader, Urban…). No nos
deberían sorprender expresiones como: “Reducir de manera significativa el nivel de
desempleo del municipio”, “generar un espacio innovador y creativo”, “aumentar sus-
tancialmente la capacidad emprendedora del territorio”, “impulsar un territorio inteli-
gente basado en la cooperación público-privada…”
Si esta hipótesis es mínimamente correcta, la falta de sintonía entre objetivos y me-
dios se puede haber convertido, más que en un incentivo para crear un sector dinámi-
co audaz y eficiente, en la gran excusa para dar por bueno
aquello que no hubiera pasado el cedazo de una evaluación
de impacto y eficiencia mínimamente sólida. Esta distancia
entre el dicho y el hecho ha permitido, desde mi punto de
vista, que en muchas ocasiones el relato, el discurso e inclu-
so la teoría, tuvieran más fuerza que la acción propiamente
dicha, o si me permiten otra forma de expresarlo: en el De-
sarrollo Local en España el peso del “qué” ha sido despropor-
cionadamente alto en relación al “cómo”.
Muchas veces he tenido la impresión de que entre todos
decíamos que se hacían, o se iban a hacer, muchas más co-
sas de las que se podían llevar a cabo. Y que, finalmente, se
acababan haciendo menos de las que éramos capaces de
hacer. El gusto por el discurso más o menos sofisticado ha consumido algunas en-
ergías que deberían haberse dedicado a la implantación propiamente dicha.
El marco regulatorio y de financiación ha ayudado poco. A las rigideces iniciales de
la administración del Estado se sumó la de la normativa autonómica que, en general
no la mejoró y, de hecho, en algunos casos introdujo un mayor nivel de discrecionali-
dad. Las exigencias de los Fondos Comunitarios fueron también un incentivo en este
camino “nominalista”: no ha sido fácil captar este tipo de financiación proponiendo
cosas razonables y factibles; en demasiadas ocasiones ha habido que edulcorarlas
con sofisticación e innovación difícilmente realizables.
Por último, la idea fuertemente asentada y poco criticada desde dentro del “sector”,
de que el espacio local es el más eficiente para llevar a cabo este tipo de políticas, ha
podido actuar como una especie de freno a reflexiones más abiertas en relación a cuál
debía ser el papel de lo local en el ámbito del empleo y de la promoción económica,
y el papel que cada agente debía desempeñar en este espacio, de acuerdo a los ob-
jetivos y resultados a conseguir. Es posible que un cierto corporativismo difuso haya
actuado como corsé en la mejora del sector.
No obstante, un balance a vuela pluma como éste no puede olvidar los aspectos
positivos de estos años. Una buena parte de lo expuesto anteriormente queda com-
pensado por el compromiso y la dedicación de muchos técnicos, gestores y políticos
Las extraordinarias
restricciones
presupuestarias
y competenciales
introducen un
escenario de
incertidumbre
insoslayable sobre
el que no es fácil ser
optimistas