Retos y Futuro del Desarrollo Económico Local
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en el objetivo de mejorar la vida de los ciudadanos. A la flexibilidad que da el trabajar
en el espacio local, se une la mayor visibilidad de la actuación local y, por tanto, el alto
nivel de escrutinio público a las que este tipo de actuaciones están sometidas. Todo
ello, junto con el nivel de profesionalidad que han alcanzado los gestores, ha hecho
que el peso de los discursos sea cada vez menor en relación a los hechos.
Además, una visión más nítida de las limitaciones locales ha obligado a que las ac-
tuaciones tengan un mayor nivel de integralidad en el ámbito municipal, sumando de
manera coordinada a diferentes “áreas municipales” en los objetivos de la creación
de empleo y la actividad económica. Por último, se va instalando la idea de que el
término municipal no puede actuar como un corsé inquebrantable: sin masa crítica,
las posibilidades de actuar de forma eficiente se reducen substancialmente.
Como casi todo en la vida, esta es una historia de claroscuros de la que habrá
que aprender todo lo que podamos, aun aceptando que a veces es mejor asumir
subóptimos que perseguir óptimos que generan ficción y frustración. Creo que,
después de 25 años, sabemos lo suficiente para construir políticas de Desarrollo Local
realistas que aúnen experiencia e innovación.
Las extraordinarias restricciones presupuestarias y competenciales introducen un
escenario de incertidumbre insoslayable sobre el que no es fácil ser optimistas. No
obstante, es posible que en el medio plazo y después de un doloroso proceso de
reconversión (paralelo a muchos otros “sectores”) surja un desarrollo local cuyos
parámetros de eficacia y eficiencia se coloquen en un estadio sustancialmente
superior al de estos últimos 25 años. Los incentivos para que eso suceda están ahí; el
coste de oportunidad de nuestras acciones ha aumentado sustancialmente: mientras
se reduzcan becas comedor o camas en hospitales, cada euro que gastemos en
políticas de empleo y promoción económica local debe aportar un valor añadido muy
elevado.
Es en este sentido en el que soy optimista: la capacidad y preparación de los técni-
cos, el conocimiento de las realidades más inmediatas, la experiencia acumulada y un
mayor compromiso político con los resultados medibles puede hacer de este sector
una potente herramienta de transformación social. Siempre, eso sí, que como he dicho
anteriormente, seamos capaces de reconvertir los errores y distorsiones del pasado
en guías del futuro. Quizás el desarrollo local será un poco menos “vistoso”, quizás se
dirá que hacemos menos cosas que antes, es posible que se escriban menos libros
y artículos al respecto, seguro que se construirán menos instalaciones, pero también
es posible que se haga más lo que se dice que se va a hacer y que se consiga que
algunos espacios locales generen más oportunidades a aquellos que, por nacimiento
o circunstancias vitales, tienen menos oportunidades de competir en el mercado.