Retos y Futuro del Desarrollo Económico Local
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De los polígonos industriales públicos al garaje de emprendedores
Un paradigma de los programas sólidos han sido los parques y polígonos industriales
públicos que fueron urbanizando las afueras de los pueblos y ciudades españolas
como señuelo para las empresas con el objetivo urgente y legítimo de crear empleo.
No voy a entrar a valorar los costes y los retornos que han tenido este tipo de actua-
ciones pues seguro que hay ejemplos de todo signo, pero no hay que ser un lince para
comprender que estamos hablando de miles de millones de euros ejecutados en una
especie de carrera frenética por ver qué administración atraía a alguna de esas pocas
empresas. La única noticia positiva -permítanme la ironía- es que se creó un mercado
pujante donde los Ayuntamientos éramos las empresas, los parques industriales el
producto, y las empresas eran los clientes.
Frente a los polígonos públicos industriales, los garajes de emprendedores. Hablamos
de esos nuevos proyectos con un alto índice de innovación social que están colo-
nizando las ciudades españolas desde hace 4 o 5 años. Entre ellos La Azucarera, la
sede principal de la Agencia Zaragoza Activa -que tengo el placer de dirigir. Pero hay
muchos otros ejemplos, como Eutokia, promovido por el Ayuntamiento de Bilbao,
o GarAJE impulsado por la Asociación de Jóvenes Empresarios, o el Impact Hub o
Utopicus que son iniciativas privadas.
Este modelo de proyectos es tan joven aún que resulta complejo realizar una evaluación
comparada pero basta pasearse por estos espacios –siempre con decoración pretendida-
mente low cost- para comprobar que el prototipo de emprendedor ha cambiado mucho:
tiene 33 años, formación universitaria, poco crédito para arrancar, guarda toda su oficina en
un smartphone y normalmente no necesita un parque industrial.
No digo que haya que sustituir todos esos parques por garajes de emprendedores
yendo de una burbuja a otra, pero considerando la proporción que existe actualmente
entre unos y otros equipamientos, sí afirmo que existe mucho margen para transfor-
mar la fisonomía de las infraestructuras públicas españolas durante la próxima dé-
cada. Habrá quién me acuse de fomentar un modelo no contrastado, y tendrá razón,
pero al menos será un modelo infinitamente más barato que los parques y polígonos
industriales que por otro lado tampoco están precisamente bien evaluados.
De las subvenciones al crowdfunding y la economía directa
Otro ejemplo de programas sólidos son las subvenciones. Cuando las administra-
ciones públicas comenzaron a trabajar el ámbito del fomento empresarial, las subven-
ciones fueron una solución recurrente para ejecutar el presupuesto, salvar la papeleta
y hacerse una foto bajo un titular amable. Pero una subvención, al igual que un parque
industrial, se puede ejecutar bien y constituir una herramienta poderosa de estímulo
y ayuda a la generación de riqueza y empleo o, por el contrario, convertirse en una
elegante forma de liquidar el presupuesto sin producir efecto alguno.