Introducción: “Retos y futuro del desarrollo económico local”
Francisco Alburquerque Llorens
Doctor en Economía y Master en Desarrollo y Políticas Públicas
Una lectura detenida de los diferentes artículos y aportaciones sobre el desarrollo económico local (DEL) contenidos en este libro puede permitir al lector o lectora del mismo, formarse una opinión argumentada sobre cualquiera de los aspectos tratados en él compartiendo, de este modo, el proceso de aprendizaje permanente de las personas que nos ocupamos de estos temas, ya sea desde la investigación, la asesoría, la docencia o desde la práctica concreta de actuaciones de desarrollo económico local en los diferentes territorios.
No pretende, pues, esta introducción al libro (surgido del Primer Simposio de Agencias de Desarrollo Económico Local celebrado en Barcelona en octubre de 2012) sustituir, ni resumir, lo que el libro reúne en las diversas reflexiones de los/as autores/as que lo integran. En este sentido, cada cual debe sacar sus propias conclusiones, siendo mi más modesta función en este artículo introductorio, la de presentar a los/as autores y mostrar la línea de conexión que existe entre los diferentes temas abordados en el libro.
Para comenzar, en el primer capítulo referido a la “Evolución, presente y perspectivas del Desarrollo Económico Local”, se ha considerado oportuno partir de una conceptualización ampliamente compartida a nivel internacional, la cual se expone en el documento “Economía local: la función de las Agencias de Desarrollo”, que resume el documento original elaborado por Greg Clark, Joe Huxley y Debra Mountford, publicado por el Programa LEED de la OECD en el año 2011. En este documento se señala que el objetivo del desarrollo económico local es construir las capacidades institucionales y productivas de un territorio determinado, a fin de mejorar su futuro económico y la calidad de vida de sus habitantes. De este modo, el desarrollo económico local realiza una contribución importante al desarrollo económico nacional, utilizando para ello agencias especializadas para la promoción del desarrollo económico, la generación de empleo y la innovación local.
Las Agencias de Desarrollo Local (ADEL) son instrumentos con capacidad de diseñar e implementar intervenciones territoriales utilizando capacidades, recursos e información de los diferentes actores locales que las integran, y articulando para ello distintos programas o políticas públicas sectoriales, así como información sobre las tendencias de los mercados. La evidencia de los estudios de caso que sustentan las reflexiones de los autores citados muestra que las ADEL pueden abordar temas muy variados, y su éxito parece estar basado en la habilidad para integrar los esfuerzos de los diversos actores territoriales, así como en su capacidad para focalizar el trabajo en aquellos ámbitos de intervención donde puedan generar un impacto importante. En ambos casos, las ADEL necesitan ser organizaciones colaboradoras y dinámicas, orientadas a resultados concretos, que deben –asimismo- comprender la complementariedad de las mismas con las funciones ejercidas por otras organizaciones de niveles más altos de gobierno.
Frente a esta clara delimitación de las funciones que suelen desempeñar las ADEL, la reflexión de José Manuel Farto sobre la “Evolución de la teoría y la praxis sobre el Desarrollo Económico Local” nos ayuda a comprender que del “dicho al hecho suele haber bastante trecho”. En efecto, Farto comienza por separar dos periodos históricos diferentes. Uno de ellos es el que va desde 1980 a 1996, donde tuvo lugar una explosión importante de iniciativas DEL, correspondiendo con un escenario de crisis económica y en un contexto teórico ambiguo y empírico que convertía el DEL más en una praxis socio-política que en una estrategia económica o en un conjunto de políticas económicas locales bien fundamentadas. De otro lado, el período de 1997 a 2008 es un período de fuerte crecimiento económico y desarrollo notable de la fundamentación científica del enfoque DEL, pese a lo cual las estrategias DEL prácticamente han ido desapareciendo, sepultadas por la ideología neoliberal, el predominio del capital financiero especulativo, las empresas multinacionales y las redes digitales que, en conjunto, parece que tratan de des-territorializar la economía, barriendo las políticas y los instrumentos económicos en manos de los Estados y las regiones. Para Farto, por tanto, el resurgir del desarrollo económico local está íntimamente ligado a la superación del paradigma científico económico del neoliberalismo y a la reconstrucción política de las instituciones locales como contrapeso socio-político territorial de la desinstitucionalización provocada por el llamado “orden global”.
En su trabajo sobre “Políticas de austeridad y rol del sector público: reflexiones desde la necesidad de cambio del paradigma en Desarrollo Local”, Antònia Casellas señala la necesidad de un cambio en el planteamiento del Desarrollo Local, el cual debe dejar de entenderse como sinónimo de crecimiento indiscriminado, y centrarse en la búsqueda de una nueva viabilidad social y territorial, sensible a las necesidades de la población y a las exigencias que imponen el medioambiente y el abastecimiento energético. La creciente concienciación medioambiental prima, según Casellas, criterios de proximidad, de lo que dan cuenta las crecientes iniciativas en cooperativas de consumidores que conectan a los productores locales con los consumidores sin la presencia de intermediarios; la puesta en valor de la producción “kilómetro cero”, es decir, la producción cercana; y la presencia de consumidores interesados en informarse sobre las características del proceso productivo como criterio de elección de un producto. Estos cambios en los valores de la población y en los modelos productivos y de consumo indican que no se puede seguir desvinculando territorio y usos sin tener en cuenta la distancia que separa unos de otros.
Desde la experiencia de la práctica en la gestión del desarrollo económico local durante estos últimos 25 años, la reflexión realizada por Gregori Cascante sobre las “Tendencias del desarrollo local, un balance muy personal”, destaca diversos aspectos de interés. De un lado se señalan algunos vicios en la aplicación del enfoque DEL entre los cuales hay que indicar que las capacidades y los medios (competenciales, organizativos o financieros, entre otros) han sido muy limitados en relación a los objetivos fijados. El gusto por el discurso consumió también energías que deberían haberse dedicado en mayor medida a la implantación propiamente dicha de las actuaciones concretas. Por otro lado, el marco regulatorio y de financiación no ayudó demasiado. A las rigideces de la Administración del Estado se sumó la normativa autonómica y su discrecionalidad, todo ello con exigencias de la operación de los propios Fondos Comunitarios de la Unión Europea, que incentivaban más la retórica nominalista que las propuestas razonables y factibles. Finalmente, es posible que se haya actuado desde una óptica de cierto corporativismo difuso que tiende a considerar el espacio local como el más eficiente, sin mayores reflexiones hacia las restantes vinculaciones o relaciones con las demás esferas de acción. Pese a todo, la sensación de nuestro autor es optimista y se basa en el importante potencial de recursos humanos (técnicos, gestores y políticos) que durante estos años se ha ido formando, con un elevado nivel de compromiso, profesionalidad y dedicación al tema. Además, este mayor nivel de profesionalidad de los gestores ha hecho que el peso de los discursos se reduzca en relación a las propuestas concretas, al tiempo que se ha adquirido una visión más clara sobre las limitaciones locales, buscando un mayor nivel de integralidad con otras áreas decisionales importantes. De este modo, después de 25 años, los procesos de aprendizaje en desarrollo económico local permiten contar con un potencial de recursos humanos con conocimiento y capacidad para construir políticas realistas desde el ámbito territorial, aunando la experiencia y la innovación como una potente herramienta de transformación social.
Por su parte, la reflexión de Maravillas Rojo acerca de los “Aprendizajes y retos del Desarrollo Económico Local”, insiste en que resulta difícil construir procesos DEL a partir de propuestas aisladas. Se requiere un marco general y una visión de futuro con ambición colectiva. La autora destaca tres importantes aspectos en su propio aprendizaje. En primer lugar, un buen proyecto DEL requiere un relato que permita compartir el qué, para qué y porqué del proyecto, a fin de motivar y cohesionar a los diferentes actores locales, lo cual exige también desplegar condiciones de liderazgo. En segundo lugar, para que el proyecto sea visible y se identifique adecuadamente, es necesario disponer de un espacio físico y virtual que incorpore los contenidos y actividades del mismo. Por último, hay que destacar la importancia de las alianzas y cómo las acciones colectivas en DEL se ven facilitadas por ellas. Maravillas Rojo concluye exponiendo los nuevos retos ante los que se encuentra el desarrollo económico local en estos momentos: (i) posicionar el territorio con estrategias de diferenciación y complementariedad; (ii) promover y liderar estrategias compartidas y concretarlas en proyectos; (iii) aprender a practicar la “glocalidad”, esto es, pensar localmente y actuar globalmente; (iv) gestionar con recursos escasos en un contexto de una grave brecha de inequidad social; (v) concentrar esfuerzos institucionales para acceder a la masa crítica de usuarios que se precisa para ser eficientes; y (vi) incorporar las nuevas tecnologías de la información y comunicación y la cultura digital de forma innovadora y personalizada.
Este primer capítulo concluye con las reflexiones de Javier González Cardona sobre “El Desarrollo Local en el ámbito de las Políticas Activas de Empleo. El papel de los profesionales”. En su opinión, la reciente modificación de la ley de Bases de Régimen Local (27 de diciembre de 2013) no va a facilitar que los Municipios puedan ejercer competencias en materia de políticas de empleo o promoción de la actividad empresarial, ya que el nuevo marco no contempla estas materias como competencias propias de los Entes Locales. Tampoco figuran en la relación de competencias delegables por el Estado Central o las Comunidades Autónomas, aunque en este caso se da a entender que no se trata de una lista cerrada. La delegación de competencias se basará, en todo caso, en criterios relativos a evitar duplicidades administrativas, mejorar la transparencia de los servicios públicos o contribuir a los procesos de racionalización administrativa, generando un ahorro neto de recursos. En definitiva, como señala González Cardona, no se pretende aproximar la gestión a la ciudadanía, simplemente se procede a la delegación si ello supone un ahorro de recursos. Se asiste, por tanto, a una serie de “reformas” en las Administraciones Públicas que poco o nada tienen que ver con el impulso de la actividad económica y el empleo, y cuyas consecuencias sociales están a la vista. Se dejan de lado de esta forma programas de contrastada eficiencia y rentabilidad para la inversión pública, como el programa de apoyo a los Agentes de Empleo y Desarrollo Local (AEDL) que durante todos estos años ha mostrado un impacto y efecto multiplicador extremadamente favorable en los territorios.
El capítulo II se refiere a las “Estrategias del Desarrollo Económico Local” y comienza con un trabajo de Francisco Mas Verdú sobre la “Política de innovación y las regiones: instrumentos y tendencias”, donde el autor hace una revisión de algunos de los aspectos fundamentales relacionados con la política de innovación diseñada y puesta en práctica desde las regiones. Tal como señala el autor, una política de innovación eficiente debe atender al entorno general en el que se desarrollan las innovaciones, lo que va más allá de la política científica (orientada a la creación de conocimiento) y la política tecnológica (destinada a la explotación industrial del conocimiento). En este sentido, la generación de políticas de innovación destaca la importancia del conocimiento mutuo y de los procesos de aprendizaje entre los diferentes actores (empresas, universidades, centros tecnológicos, etc.) del sistema de innovación. Desde una perspectiva más amplia incorpora, por tanto, el concepto de capital social que emerge de la interacción entre actores e instituciones.
Entre las tendencias que Mas Verdú advierte en el diseño y gestión de las políticas de innovación cabe citar que la cultura de la innovación y el capital social son elementos fundamentales de los sistemas regionales de innovación. Asimismo, resulta necesario reforzar los aspectos institucionales de cada entorno territorial, y apoyar financieramente iniciativas que combinen al mismo tiempo elementos de “ciencia” y de “desarrollo de producto”.
Por su parte, en su artículo sobre “Innovación Social y Desarrollo Territorial”, Miren Larrea expone varias de las conclusiones obtenidas en un taller de trabajo con representantes de varias Agencias de Desarrollo Comarcal en la Comunidad Autónoma del País Vasco, señalando que así como es necesario para las empresas innovar continuamente en productos y procesos, es preciso también innovar continuamente en la forma en que los actores territoriales se relacionan. En este sentido, su artículo muestra cómo las Agencias de Desarrollo Comarcal están explorando nuevas formas de interactuar con los actores locales e impulsar la interacción entre ellos. Con ello trata de mostrar la diversidad de aproximaciones que actualmente existen al abordar la innovación social. Una de las reflexiones es la convivencia de dos aproximaciones en la práctica del desarrollo económico local. En una de ellas el marco conceptual más utilizado suele ser el conocido “diamante competitivo” de Michael Porter, donde suelen tenerse en cuenta sólo al sector productivo, el sector de conocimiento y los responsables gubernamentales. Desde esta perspectiva, rara vez se contempla la participación de otros actores, como la ciudadanía, los movimientos sociales, los sindicatos o el sector educativo. De otro lado, existe otra aproximación que introduce elementos extraídos de la literatura de la innovación social, la cual integra un número más amplio de actores locales que en la aproximación anterior. Pese a que aún la mayoría de las agencias se ven, fundamentalmente, en la primera de dichas aproximaciones, hay algunas de ellas que declaran estar avanzando hacia la incorporación de diversos aspectos contemplados en este segundo tipo de aproximación al desarrollo local. El concepto de innovación social permite dar forma a estas tendencias en términos de la necesidad continua de ir adaptando las redes existentes a los objetivos cambiantes y –consecuentemente- a la participación de nuevos actores en el desarrollo local.
En las aportaciones que reúnen el conocimiento adquirido en la práctica en este segundo capítulo, Jordi París i Gabarró destaca la importancia que tuvo en el desarrollo económico de la Conca de Barberà la metodología de la Iniciativa Comunitaria Leader, la cual –como es bien sabido- establece que el organismo de gestión debe estar compuesto paritariamente por representantes públicos y privados del territorio. Nunca antes, en la comarca, tal como señala nuestro autor, se había gestionado ningún proyecto ni iniciativa con la participación decisoria (no solamente consultiva) de los distintos agentes socioeconómicos locales. Este planteamiento fue aceptado por los representantes políticos que lideraban un proceso con una normativa clara y una inyección económica vital para el desarrollo del territorio. Por este motivo, para gestionar la Iniciativa Comunitaria Leader 1994-1999 se creó un organismo autónomo compuesto por representantes políticos del Consell Comarcal (a su vez representantes políticos de los municipios de la comarca) y representantes de los agentes sociales y económicos del territorio. En la convocatoria siguiente (Leader Plus 2000-2006) el Organismo Autónomo de Desarrollo de la Conca de Barberà volvió a promover otra iniciativa de desarrollo económico local para dicho periodo, con ayuda de los Fondos Comunitarios. Mientras que, en el periodo 2007-2013, ya sin recursos de la Unión Europea, el Organismo Autónomo de Desarrollo tomó la decisión de seguir trabajando con el mismo modelo participativo, aunque ya no fuera un imperativo legal, adaptando su Consejo de Administración a la realidad de ese momento pero manteniendo el partenariado de toma de decisiones entre representantes públicos y privados locales. El autor enfatiza que en la estrategia de desarrollo de la Conca de Barberà, aparte de sus líneas estratégicas, objetivos y actuaciones concretas, tiene una vital importancia la metodología participativa público-privada en su definición, gestión y ejecución.
Por su parte, según la reflexión aportada por Roberto Rodríguez de Guereñu, la estrategia de desarrollo económico local de Vitoria Gasteiz aprovecha ventajas geoestratégicas importantes, así como una lúcida apuesta por situarse como “Ciudad Verde”, lo que fue reconocido internacionalmente con el título de “European Green Capital 2012”. Para el autor, el desarrollo económico local consiste en saber “empoderar” las capacidades endógenas del territorio y, para ello, hay que tener visión prospectiva, es decir, hay que: (i) apostar por una mano de obra cualificada y mejorar la relación entre las empresas, los centros de formación profesional y los parques tecnológicos; (ii) impulsar políticas que establezcan unos costes de energía competitivos; (iii) establecer ventajas fiscales fijando un compromiso de reinversión en la economía local; (iv) promover la estabilidad socioeconómica y la ausencia de incertidumbre empresarial; (v) crear dotaciones de calidad en infraestructuras y equipamientos básicos; y (vi) promover una marca de ciudad que junto a la apuesta por la “Ciudad Verde” ponga en valor la solvencia económica y garantía financiera de las cadenas de valor, haciendo de Vitoria Gasteiz un territorio de alto prestigio financiero por su legislación y por la seriedad de sus empresas y de sus compromisos empresariales.
Finalmente, las aportaciones presentadas por Iñaki Ortega sobre el “Impulso del talento emprendedor en la estrategia de desarrollo económico de Madrid”, y la de Montse Basora, sobre “Barcelona apuesta por un modelo propio de incubación de empresas”, ponen el énfasis principal en el apoyo al emprendedorismo, con el fin de catalizar el talento presente en la ciudad y contribuir a orientarlo hacia la actividad productiva, como se argumenta en la creación en 2005 de la Agencia de Desarrollo Económico “Madrid Emprende”, o como se advierte en el caso de Barcelona Activa, donde la incubación de empresas es uno de los rasgos clave de una trayectoria reconocida internacionalmente.
El capítulo III del libro se refiere a “La gestión del Desarrollo Económico Local” e incluye, en primer lugar, la reflexión que Juan Angel Balbás, Director de la Agencia de Desarrollo DEBEGESA, realiza sobre la gestión del desarrollo económico local. De este modo explica cómo, a través de la realización de un Plan Estratégico, se fueron definiendo las necesidades comarcales, poniendo prioridad en ellas y adaptándose a la evolución de las necesidades económicas y sociales del entorno, atendiéndose de este modo a las necesidades de infraestructura (suelo industrial, autopistas, depuradoras, saneamiento, etc.) para ir transitando posteriormente hacia otras necesidades de carácter más intangible.
La realización del Plan Estratégico supuso un hito en nuestra comarca, según señala Balbás. Era el primero que se hacía en Gipuzkoa en el ámbito público (1989), pero más allá de eso, supuso un nuevo enfoque de cómo enfrentarse a un desarrollo compartido (con más municipios y con la ciudadanía o grupos de interés como compañeros de viaje de las decisiones a tomar). Supone, en opinión de nuestro autor, un ejercicio de democracia local y comarcal, que promueve una visión común y un consenso entre todos los socios y participantes. Sin embargo, el autor evita mitificar la planificación. Quizás la característica más relevante sea que dota de un método para poner orden en la cantidad de necesidades que cualquier entorno social tiene. No obstante, disponer de un plan estratégico no evita una corrección continua, una adaptación a los cambios económicos, políticos, sociales o culturales. Este método de recoger necesidades de abajo hacia arriba, de pensar en lo que se tiene y en lo que se necesita, ofrece la oportunidad de anticiparnos sensatamente a las propias Administraciones. Estas anticipaciones según insiste nuestro autor, no son sino consecuencia de estar “a pie de obra”, recogiendo necesidades reales del tejido económico, de la ciudadanía, y de unir necesidades con oportunidades. Balbás señala, igualmente, los ámbitos en los que DEBEGESA actúa en estos momentos, entre los cuales destaca el trabajo en la promoción turística de la comarca, el urbanismo y la rehabilitación, y la incorporación de los criterios de sostenibilidad (Agenda 21 Local) tanto para los Ayuntamientos de la comarca como para los ciudadanos y las empresas. Finalmente, trabajan también por la mejora de la empleabilidad, la presencia en la comarca de centros educativos de nivel (formación profesional y universidad), y promoviendo entre la ciudadanía la conveniencia de actuar con valores, de valorizar el esfuerzo, el amor por el trabajo, la colaboración, el respeto, y la cooperación. Pero, sobre todo, DEBEGESA se dedica a la promoción de actividades industriales, siendo la atención a las Pymes el 60% de la atención de la Agencia.
El artículo de Giancarlo Canzanelli permite mostrar las importantes diferencias existentes en el diseño de las Agencias de Desarrollo Local (ADEL) en el mundo subdesarrollado. Las mayores demandas relacionadas con la pobreza, el desempleo y subempleo, la dificultad para crear puestos de trabajo y nuevas empresas, sobre todo entre la población con mayores niveles de vulnerabilidad, llevó a ILS LEDA a un diseño de ADEL con una agenda orientada fundamentalmente al Desarrollo Humano y con participación activa de los diferentes actores territoriales (público, privado y sector comunitario), una circunstancia que es diferente a la que se encuentra en el origen de las ADEL en España. De esta forma, ILS LEDA ha ido activando un enfoque de Desarrollo Económico Territorial Humano definido como un desarrollo que combina eficazmente el desarrollo productivo de cada territorio, con la erradicación estructural de la pobreza, el fomento de la igualdad social y de género, la creación de empleo digno, y la salvaguardia del medioambiente, principalmente a través del reforzamiento de las capacidades humanas e institucionales para llevar adelante procesos y políticas autosuficientes.
Entre los componentes clave de este tipo de Desarrollo Humano se encuentran: (i) la territorialidad, gracias al conjunto de factores que el territorio logra organizar (economías de escala y aglomeración, difusión de innovaciones, despliegue de transacciones, servicios tangibles e intangibles, etc.); (ii) la competitividad, ya que no hay desarrollo si los bienes y los servicios producidos no tienen la posibilidad de mantener y acrecentar las ventas en los mercados; y (iii) la sostenibilidad, en el sentido de la capacidad del territorio para mantener y mejorar la sostenibilidad económica, la sostenibilidad social, la sostenibilidad ambiental, y la sostenibilidad institucional, en términos de gobernanza, democracia y participación de la ciudadanía. El artículo de Canzanelli incursiona también en las perspectivas de futuro de las ADEL, detallando sus nuevos instrumentos y agenda de actuaciones, una reflexión que no es solamente válida –en mi opinión- para el mundo subdesarrollado, sino para el conjunto de situaciones territoriales existentes en los países del sur de Europa, con mayor grado de desarrollo pero con brechas importantes en términos de desigualdad económica y social.
En las reflexiones surgidas de la práctica en este capítulo III encontramos, en primer lugar, la aportación de Eduard Barcons, gerente de la Agencia de Desarrollo del Berguedá, sobre “La gestión del desarrollo económico local, una visión de futuro”, quien nos recuerda que las entidades que gestionan el desarrollo económico local, si quieren ser realmente eficaces, deben desarrollar con éxito cuatro funciones básicas: liderazgo, coordinación, implementación de proyectos importantes, y una función económica consistente en ser un actor esencial en el territorio. Para ello hay que disponer de una estrategia territorial, aunque, como señala Barcons, “una buena estrategia sin una ejecución es ciencia-ficción”. Por ello, nuestro autor subraya la importancia de la gestión del equipo humano, así como la necesidad de dejar atrás la dirección por instrucciones que hace que la persona no tenga ninguna capacidad de autonomía, y avanzar hacua una dirección por valores, donde las personas puedan desplegar con creatividad su conocimiento dando respuestas autónomas siempre supeditadas a los intereses y a la legalidad corporativa.
Por su parte, Iker Galparsoro, gerente de Goieki SA, la Agencia de Desarrollo Comarcal de Goierri, nos narra cómo ante la crisis industrial de los años 1982-1992, se produjo una reacción de parte de todos los agentes socioeconómicos a fin de enfrentar la situación y tomar medidas para construir un futuro mejor. Fruto de esta reflexión, se elaboró en 1992 un Plan Estratégico Comarcal y se decidió continuar apostando por aquello que sabíamos hacer, la industria del metal. Había que transformar nuestro tejido industrial para seguir siendo competitivos y por ello se empezaron a dar pasos para crear un entorno volcado con este objetivo. Uno de los pilares en los que se sustentó esa transformación fue la formación de la personas, de modo que la Escuela Profesional del Goierri adaptó los perfiles de los estudiantes a la demanda real de nuestras empresas y se decidió poner en marcha una licenciatura en ingeniería mecánica dado que las empresas requerían de personas más preparadas. También se desarrolló un servicio para resolver los retos tecnológicos que se presentaban a nuestras empresas. Igualmente, los Ayuntamientos y las empresas crearon la Fundación Goierri para coordinar y canalizar estas iniciativas y se comprometieron a realizar conjuntamente las inversiones necesarias para llevarlas a cabo. Por otra parte, los 18 municipios que componen la comarca de Goierri decidieron crear la Agencia de Desarrollo Comarcal Goieki, con el objetivo principal de apoyar a la pequeña y mediana empresa industrial y favorecer la creación de nuevas iniciativas empresariales generadoras de empleo.
La labor desarrollada por la Agencia de Desarrollo en todos estos años ha sido continua, adaptándose en cada momento a las necesidades de la comarca, con una vocación de servicio y visión de largo plazo. Los planes estratégicos de la comarca de Goierri han permitido la participación de agentes comarcales de una manera puntual y si bien han logrado generar procesos de transformación y desarrollo territorial importantes, pensamos que el grado de implicación de todos los agentes tiene que ser mucho mayor si queremos que estos procesos sean sostenibles en el tiempo. Por todo ello, el reto actual está en promover una planificación estratégica que responda a una aproximación basada en el propio proceso, donde no se dependa de la actuación de un agente u organismo de manera individual, sino que corresponda a una situación de complejidad en la cual los procesos de liderazgo compartido son críticos para construir una visión compartida y una acción común.
Finalmente, Fernando Nebreda, Presidente de Garapen expone en su reflexión la necesidad de no olvidar la internacionalización de las empresas, un reto fundamental para el desarrollo económico local. El objetivo debe ser que toda empresa con potencial y capacidad para la internacionalización acabe realizando un plan que defina su estrategia y diseñe las acciones que le permitan el acceso a nuevos mercados. Esta labor requiere un contacto muy estrecho y un conocimiento exhaustivo del tejido local, lo cual concede a las ADL un protagonismo muy importante. Como señala Nebreda, la aportación de las Agencias de Desarrollo Local en este ámbito es complementaria a la de otras estrategias de ámbito más general, puesto que mientras éstas trabajan fundamentalmente en el apoyo a la empresa que ya está en trance de internacionalización, la labor de las Agencias de Desarrollo Local persigue también la ampliación de la base exportadora de un territorio.
Los tres artículos que integran el capítulo IV del libro se refieren a los “Enfoques innovadores en el desarrollo económico local”. Dichos artículos comparten una posición crítica respecto al trabajo realizado hasta ahora por las ADEL. Uno de los objetivos del artículo de Franco Llobera, titulado “Transiciones ecológicas y desarrollo local”, es tratar de identificar y exponer los distintos modelos de aplicación de los movimientos de innovación socio-ambiental, a fin de facilitar su conocimiento y la posible aproximación a los mismos desde el movimiento municipal. Según señala nuestro autor, el trabajo de las Agencias de Desarrollo Local o el impulso de las Agendas Locales 21 han sido ampliamente superados por la gravedad de la crisis y el recorte de presupuestos. Hoy el desarrollo local sostenible es apenas un término para referirse a una primera generación que aportó algunas enseñanzas y cumplió un determinado papel, pero que se encuentra ya básicamente agotado. Es el momento de identificar y analizar nuevos métodos y energías de cambio, y de confiar más en el capital social que en el capital financiero, reactivando el desarrollo local como relocalización económica. Para nuestro autor, el desarrollo sostenible está dejando de ser un discurso predominantemente ambientalista para ser cada vez más un discurso “social” (equidad y riesgo de exclusión) y “económico” (viabilidad económica de pequeñas iniciativas de autoempleo), lo cual amplía la complejidad del objetivo inaugurando una metamorfosis sistémica que exige un esfuerzo de creatividad buscando nuevas formas locales del Estado. Franco Llobera llama “transición local del Estado” a la necesidad de que las instituciones, particularmente los Ayuntamientos, establezcan mecanismos de diálogo para incorporar de un modo efectivo la nueva realidad social, contemplando lo local como vanguardia del Estado, lo cual exige una transición institucional, económica, política, social y ambiental.
El artículo de Jordi García Jané sobre “Economía solidaria: otra economía para otro desarrollo local” subraya la importancia de la Economía Social y Solidaria (ESS), una realidad difícil de cuantificar pero en absoluto marginal. En los países de la Unión Europea se calcula que aproximadamente once millones de personas, esto es, el 6% de la población ocupada, trabajan en asociaciones, fundaciones, cooperativas y otras empresas propiedad de los trabajadores o de los consumidores. Como señala García Jané, la Economía Social y Solidaria se siente especialmente cómoda en el ámbito local, donde nace y suele tener su “ecosistema” y, a menudo, también su mercado. Las empresas de la ESS son fruto de iniciativas de ciudadanos corrientes de un pueblo, un barrio o una ciudad que tratan de dar respuestas colectivas a sus necesidades como trabajadores, consumidores, o vecinos, produciendo y distribuyendo bienes socialmente útiles, unas necesidades que ni la empresa mercantil ni el Estado resuelven, hoy por hoy. En suma, para García Jané, las políticas convencionales de creación de empleo y de riqueza no sirven para la nueva época en que estamos entrando. La práctica de un nuevo tipo de desarrollo y de economía, sobre todo si conseguimos acompañarla con cambios culturales en las políticas generales y en las instituciones, puede preservar los niveles de bienestar de las mayorías sociales, al tiempo que gesta el embrión de una nueva sociedad y empodera a esas mayorías para que se movilicen hasta conseguirla.
Por su parte, el artículo de Miquel Barceló titulado “La promoción económica local ¿reforma o revolución?”, señala que en el actual contexto de crisis económica se producen dos fenómenos de forma simultánea: el aumento de las necesidades de la población a nivel social, económico y de empleo; y la reducción de los recursos públicos y finalización de programas que financiaban las actividades públicas de promoción económica y los servicios sociales. Ello pone en cuestión el actual modelo de promoción económica local basado en las Agencias de Desarrollo Local creadas en la década de 1980, debido a que su modelo de funcionamiento es difícilmente sostenible por implicar una estructura de coste elevado y fijo; responder a modelos demasiado encerrados en sí mismos, más reactivos que proactivos; y ser poco generadores de proyectos e iniciativas innovadoras. Este panorama plantea un gran reto a las políticas públicas de ámbito territorial, reto que merece una respuesta contundente. En resumen, se trata de transformar el actual modelo de promoción económica local en su filosofía, sus instrumentos, sus programas, sus recursos y su forma de financiación. Para Barceló es posible crear en los territorios ecosistemas innovadores capaces de atraer talento e inversiones en nuevas empresas y centros de investigación y en su artículo expone diferentes aspectos que deberían abordarse hacia este nuevo modelo.
En las aportaciones desde la práctica, Jordi Terrades señala cómo ha sido posible realizar un desarrollo económico local inteligente en su territorio, transitando desde un modelo de compartimentos estancos a un modelo de red colaborativa. Según Terrades, en la Garrotxa, se han ido estructurando sectores y organismos en diferentes ámbitos (ambiental, social, económico), pero ha habido un actor que ha desempeñado el papel de ‘ente aglutinante’ y catalizador del trabajo en red de manera transversal en todo el territorio. Este agente facilitador de relaciones ha sido el Grupo de Acción Local LEADER de la Garrotxa, la Fundación Garrotxa Líder, una entidad que logró construir un espacio de encuentro multisectorial para los actores públicos y privados. De este modo, la Fundación Garrotxa Líder logró desplegar una metodología para implicar y alinear a todas las partes interesadas hacia un mismo reto común: la sostenibilidad y construcción de un territorio inteligente.
En su reflexión sobre “El patrimonio natural como factor de desarrollo local”, Rafel Florenciano señala que en los últimos años la comarca del Garraf ha conocido una importante transformación económica, evolucionando desde una economía basada en la industria a otra basada en el turismo y la valorización del patrimonio natural. Esta situación ha comportado un importante desequilibrio en el desarrollo económico local y además, se ha visto agudizado por la crisis económica y financiera desde 2008 en adelante. Este hecho obligó a definir nuevas estrategias de futuro y una de ellas se ha centrado en el reconocimiento, valorización y promoción del patrimonio natural, el cual constituye una base fundamental para generar actividades a partir del sector primario, y para conservar, ordenar y proteger el paisaje. De este modo se facilita la atracción de nuevas empresas, actividades y personas, mostrando que el sector turístico no puede prescindir de una buena gestión de su entorno natural, el cual no sólo es un buen aliado, sino una importante fuente de riqueza.
Por último, Raúl Oliván, Director de la Agencia Zaragoza Activa, utiliza la aportación del filósofo Zygmunt Bauman sobre la modernidad líquida para señalarnos el dilema al que nos enfrentamos hoy desde las agencias públicas en el caso de continuar desarrollando programas sólidos para contener, acotar y apuntalar un mundo esencialmente líquido, que obliga a incorporar nuevas reglas del juego para intentar fluir dentro de él. Oliván se pregunta, por ejemplo, si existen alternativas a las subvenciones –tan sólidas como costosas en términos de recursos económicos y administrativos- que puedan fortalecer los programas de desarrollo local en estos tiempos líquidos. Su respuesta es afirmativa y probablemente sea un ámbito en el que, en su opinión, más profundos pueden llegar a ser los cambios en los próximos años. De hecho existen ya cambios como el crowdfunding o financiación colectiva, la economía colaborativa, las microinversiones, la banca cooperativa, la banca colectiva y otras fórmulas basadas en el poder de las redes sociales, que están conformando nuevos esquemas de economía directa. Otro ejemplo de programas de desarrollo local de los tiempos sólidos que aún sobreviven, son las ferias de emprendedores y, más concretamente, el Día del Emprendedor. En opinión de Oliván, el impacto de este tipo de eventos es bastante efímero y, en su lugar, lo que habría que promover son comunidades estables y cohesionadas de emprendedores, innovadores y personas creativas en general, en las que todos los días puedan juntarse y conocer otras experiencias, escuchar historias de éxito y también de fracasos, intercambiar conocimientos, hacer prototipos de ideas, testar productos, mejorar su formación, conocer nuevas técnicas, etc. Nuestro autor concluye su repaso de las ideas sólidas de las que provenimos y el mundo líquido en el que nos encontramos, criticando los Premios a Emprendedores, otro programa clásico. No hay duda que en la concepción de todo premio subyace una lógica competitiva que es consustancial al espíritu empresarial y que conecta muy bien con el mundo competitivo actual pero que no debería ser retroalimentado desde los programas públicos, ya que se trata de generar fuerzas en torno a lo que nos une, lo colectivo y lo comunitario.
Finalmente, el capítulo V incluye dos aportaciones diferentes. De un lado, el trabajo de Javier Medina y Carolina Aranzazu, investigadores del Instituto de Prospectiva, Innovación y Gestión del Conocimiento de la Universidad del Valle (Colombia), donde se muestran las relaciones y complementariedades entre la prospectiva y el desarrollo local, dentro del esfuerzo de la planificación estratégica territorial. En esencia, esta complementariedad se observa en el reto que enfrentan los Agentes de Desarrollo Local como agentes dinamizadores de los procesos de generación de capacidades colectivas en el territorio. Como señalan los autores, al elaborar una visión de futuro, una sociedad establece la dirección de un proceso de cambio, pero el sendero a transitar depende de sus capacidades sociales, técnicas y políticas para poder implantarla. Por tanto, el concepto actual de la prospectiva añade el sentido de desarrollo del potencial humano, esto es, convertir el potencial en capacidad efectiva de cambio. La prospectiva constituye así un soporte conceptual y metodológico para el proceso de dirección del desarrollo local, toda vez que, como multidisciplina del conocimiento, propone la combinación de diferentes métodos, procesos y sistemas que permiten pensar, debatir y modelar el futuro en función de las particularidades de cada territorio.
El segundo artículo de este capítulo V es un trabajo de Francisco Alburquerque donde trato de ordenar ideas acerca de las “Perspectivas de futuro para el desarrollo económico local”. La crisis no es únicamente un tema financiero. Nos encontramos ante una nueva revolución industrial y, por tanto, no es la recuperación del crecimiento anterior lo que debe buscarse, sino la adaptación a las nuevas circunstancias, lo que obliga a una mayor presencia de las políticas de carácter territorial junto a los esfuerzos que tratan de llevarse a cabo a nivel macroeconómico alentando las políticas de educación e investigación y desarrollo para la innovación desde cada ámbito local y regional. Frente a la magnitud de dichos cambios, las propuestas de austeridad y ajuste que se vienen poniendo en práctica en el Sur de Europa agudizan la situación de crisis, retrasan la recuperación del crecimiento económico y el empleo, y –sobre todo- desprecian las lecciones de la historia económica, siendo cada vez mayor la sospecha de que los dirigentes actuales no parecen tener la capacidad para comprender estos cambios, ni mucho menos, para dirigir el proceso de recuperación.
En el momento actual las Agencias de Desarrollo Local se enfrentan, una vez más, a exigencias importantes por el creciente desempleo que la actual crisis conlleva, en el contexto de nuevos retos y reestructuración hacia una sociedad basada en la innovación y el conocimiento, con mayores exigencias de competitividad territorial y sostenibilidad ambiental. Todo ello obliga a una reflexión en profundidad sobre el papel que las ADEL desempeñan complementando las políticas de carácter macroeconómico con actuaciones orientadas al fortalecimiento del tejido productivo local en los diferentes territorios, y la generación de empleo en ellos. Frente a la imagen del empresario innovador y los modelos que propugnan el emprendedorismo como solución, actuando de forma aislada, el concepto de entorno territorial de innovación destaca que la innovación es un hecho colectivo y territorial en el cual coexisten relaciones de mercado y relaciones de cooperación en el territorio. Estos espacios favorables a la innovación no surgen de manera espontánea como resultado del libre funcionamiento de los mercados, sino que requieren la actuación de agentes promotores, públicos y privados, que impulsen las estrategias de desarrollo local y empleo desde los propios ámbitos territoriales.
Por otra parte, la incorporación de innovaciones y empleos orientados por la sostenibilidad ambiental (empleos verdes) es hoy día una exigencia fundamental. Ya no se trata del agotamiento de recursos no renovables, sino de la alteración de las funciones fundamentales de la biosfera en su capacidad de regeneración de los servicios ambientales que presta. La sostenibilidad del desarrollo exige, pues, replantear las formas de producción y de consumo, así como muchas de las formas de trabajo, esto es, el estilo de vida de nuestras sociedades. La innovación económica y social debe orientarse por los imperativos de la sostenibilidad ambiental, buscando la confluencia con las necesidades de la innovación empresarial y laboral que ello requiere. El objetivo del desarrollo sostenible representa, pues, una nueva fase de reestructuración de los sistemas productivos locales, en la cual los crecientes costes ambientales deben constituir un estímulo para que las empresas y territorios busquen los incrementos de eficiencia productiva y competitividad en el uso más sostenible de los recursos. Bases de esta reestructuración emergente son el desarrollo de tecnologías limpias, la mayor eficiencia energética y el ahorro del consumo de agua, el uso de procedimientos no contaminantes, y la reducción, eliminación y reutilización de residuos. Todo ello supone el desarrollo de una nueva industria de bienes y servicios medioambientales y empleos verdes, así como una reestructuración y puesta al día del tejido productivo existente, sobre la base del importante activo que constituye la dotación de recursos humanos y de conocimiento existentes en los diferentes territorios.
Las funciones principales de las ADEL se orientan, pues, hacia la valorización de los recursos endógenos y la puesta en valor de los recursos económicos, ambientales y culturales en los respectivos territorios, siendo igualmente instancias fundamentales para la coordinación territorial de las políticas de innovación, competitividad, desarrollo y empleo en las distintas Comunidades Autónomas del Estado español. Esta actividad de las agencias se lleva a cabo a través del estímulo de la innovación creativa y de los nuevos emprendimientos; la organización de redes territoriales entre empresas e instituciones; el fomento de la diversificación productiva basada en la calidad y la diferenciación de productos y procesos productivos, la identificación de la demanda y prospectiva de los mercados; y la búsqueda activa de nuevas fuentes de empleos verdes impulsando Ayuntamientos sostenibles y cadenas productivas territoriales cada vez más ecoeficientes. Es, pues, otro tipo de política la que se precisa más allá de la exaltación de la mediocridad en la que se ha instalado la política actual de crecimiento económico del gobierno central, que en nada enfrenta los problemas que aquí se han tratado de plantear.
Finalmente, el libro concluye con la declaración de la Oficina Técnica de Estrategias para el Desarrollo Económico de la Diputación de Barcelona donde se explícita la intención de avanzar “Hacia un Segundo Simposio de Desarrollo Local” a fin de continuar como un espacio abierto que nos permita seguir la reflexión y discusión sobre estos temas.