El desarrollo local durante los “tiempos líquidos”. El futuro probable que nos espera

Raúl Oliván
Director de Zaragoza Activa. Experto en marketing público e innovación y comunicación social.

Pretender retratar una realidad cambiante es un reto mayúsculo porque nunca antes las palabras fueron tan volátiles como ahora, al menos sus significados. Es verdad que los tiempos siempre fueron huidizos y el presente una romántica mentira pero hasta no hace mucho, los cambios se sucedían tan a cámara lenta que las personas albergaban cierta sensación de certidumbre y de algún modo existía una ilusión óptica en torno a la idea de futuro. Convivíamos con una sucesión de hipótesis cuya solvencia quedaba confirmada por la tradición y la costumbre. Sabíamos cómo iba a ser mañana, al menos en lo fundamental.

Sabíamos, por ejemplo, que con esfuerzo y talento conservaríamos nuestro trabajo o, a una mala, encontraríamos uno nuevo. Sabíamos que nuestra vivienda era nuestra. Teníamos la certeza de que cumpliendo con nuestros impuestos hoy, mañana tendríamos derecho a una pensión, acceso a una educación de calidad para nuestros hijos e incluso un sistema de salud para cuando cayéramos enfermos. Sabíamos que si conseguíamos un título universitario accederíamos a un buen puesto de trabajo. Con carácter general sabíamos bastantes cosas sobre el mañana, muchas más de las que nos pensábamos que sabíamos.

Pero todo eso era propio de un mundo de certezas que hemos dejado atrás, cuando todo era sólido, como titula Muñoz Molina su último ensayo, donde vaticina que somos la primera generación que vivirá peor que sus padres. No en vano nuestra generación se enfrenta a un mundo líquido, la certera metáfora con la que Zygmunt Bauman1 ha bautizado nuestra Era. Cuando Bauman define la modernidad líquida señala con el dedo el declive del Estado del Bienestar, la desregulación de los mercados o la flexibilidad radical, es decir, ese nuevo no-sistema que estamos construyendo desde hace unas décadas; pero incluso llega más allá retratando también la naturaleza líquida de nuestras esferas más íntimas, como el sentimiento comunitario, la identidad individual o los compromisos personales. Aspectos todos ellos que, desde mi punto de vista, y cómo voy a exponer a continuación, habrán de condicionar los modelos de desarrollo local durante los próximos años. El dilema al que nos enfrentamos hoy desde las agencias públicas es si continuamos desarrollando programas sólidos para contener, acotar y apuntalar este mundo líquido, o por el contrario asumimos las nuevas reglas del juego e intentamos fluir dentro de él. Contrastemos ejemplos.

De los polígonos industriales públicos al garaje de emprendedores

Un paradigma de los programas sólidos han sido los parques y polígonos industriales públicos que fueron urbanizando las afueras de los pueblos y ciudades españolas como señuelo para las empresas con el objetivo urgente y legítimo de crear empleo. No voy a entrar a valorar los costes y los retornos que han tenido este tipo de actuaciones pues seguro que hay ejemplos de todo signo, pero no hay que ser un lince para comprender que estamos hablando de miles de millones de euros ejecutados en una especie de carrera frenética por ver qué administración atraía a alguna de esas pocas empresas. La única noticia positiva -permítanme la ironía- es que se creó un mercado pujante donde los Ayuntamientos éramos las empresas, los parques industriales el producto, y las empresas eran los clientes.

Frente a los polígonos públicos industriales, los garajes de emprendedores. Hablamos de esos nuevos proyectos con un alto índice de innovación social que están colonizando las ciudades españolas desde hace 4 o 5 años. Entre ellos La Azucarera, la sede principal de la Agencia Zaragoza Activa -que tengo el placer de dirigir. Pero hay muchos otros ejemplos, como Eutokia, promovido por el Ayuntamiento de Bilbao, o GarAJE impulsado por la Asociación de Jóvenes Empresarios, o el Impact Hub o Utopicus que son iniciativas privadas.

Este modelo de proyectos es tan joven aún que resulta complejo realizar una evaluación comparada pero basta pasearse por estos espacios –siempre con decoración pretendidamente low cost- para comprobar que el prototipo de emprendedor ha cambiado mucho: tiene 33 años, formación universitaria, poco crédito para arrancar, guarda toda su oficina en un smartphone y normalmente no necesita un parque industrial.

No digo que haya que sustituir todos esos parques por garajes de emprendedores yendo de una burbuja a otra, pero considerando la proporción que existe actualmente entre unos y otros equipamientos, sí afirmo que existe mucho margen para transformar la fisonomía de las infraestructuras públicas españolas durante la próxima década. Habrá quién me acuse de fomentar un modelo no contrastado, y tendrá razón, pero al menos será un modelo infinitamente más barato que los parques y polígonos industriales que por otro lado tampoco están precisamente bien evaluados.

De las subvenciones al crowdfunding y la economía directa

Otro ejemplo de programas sólidos son las subvenciones. Cuando las administraciones públicas comenzaron a trabajar el ámbito del fomento empresarial, las subvenciones fueron una solución recurrente para ejecutar el presupuesto, salvar la papeleta y hacerse una foto bajo un titular amable. Pero una subvención, al igual que un parque industrial, se puede ejecutar bien y constituir una herramienta poderosa de estímulo y ayuda a la generación de riqueza y empleo o, por el contrario, convertirse en una elegante forma de liquidar el presupuesto sin producir efecto alguno.

Hace no demasiados años cuando pusimos en marcha Zaragoza Activa heredamos una subvención dirigida a jóvenes empresarios que estaba planteada desde la buena fe –no me cabe duda- pero cuya ejecución se traducía en un completo disparate, pues básicamente otorgaba una dotación económica de 300 euros a cada proyecto empresarial presentado. En la práctica, más de la mitad de los expedientes estaban cumplimentados por gestorías que trabajaban a comisión y que -como supe después- se quedaban casi todo el dinero. Entretanto, el Ayuntamiento de Zaragoza dedicaba un empleado durante medio año para gestionar aquellos abultados expedientes, pues a pesar de que la dotación económica era ridícula y no influían absolutamente nada en el futuro de la empresa subvencionada, todo ello debía fiscalizarse como si se tratara de un crédito de 2 millones de euros.

En la misma línea existen programas de colaboración entre las administraciones y las entidades de crédito –por cierto, unas estructuras que considerábamos muy sólidas hasta hace muy poco- que ofrecen diversos productos financieros ventajosos para emprendedores. Una vez más también aquí hay buenas iniciativas y muchas otras que son sólo marketing de cara a la galería. Desde mi experiencia el único programa que ha supuesto un punto de inflexión y ha conseguido resultados de impacto son los créditos ENISA2. ¿Demasiado sospechoso que sea precisamente un programa público, no? En cualquier caso la pregunta es si existen alternativas a las subvenciones –tan sólidas como costosas en términos de recursos económicos y administrativos- que puedan fortalecer los programas de desarrollo local en estos nuevos tiempos líquidos. Y la respuesta es que sí y, es más, probablemente sea en este apartado donde más profundos y decisivos sean los cambios durante los próximos años. De hecho esta revolución lleva ya tiempo latente, el avance es exponencial y si las agencias de desarrollo local todavía no lo hemos advertido es sólo porque estas alternativas han estado volando por debajo del radar. Me refiero al crowdfunding o la financiación colectiva, también a la economía colaborativa, las micro-inversiones, la banca cooperativa, la banca colectiva y un sinfín de fórmulas basadas en el poder de las redes y que están conformando nuevos esquemas de economía directa. El ejemplo son esos tres jóvenes que ocupan una mesa en un coworking y que durante unos meses planean, diseñan e imprimen en 3D un prototipo, lo suben a kickstarter (una de las decenas de plataformas de crowdfunding) y consiguen seducir a 25.000 personas en el mundo para que financien y adquieran su producto, sorteando el difícil laberinto de los bancos y las subvenciones. Esto está pasando.

¿Podemos sumarnos desde las agencias públicas a este tren? Podemos y debemos. Hace un año propuse en un informe una alternativa a la subvenciones clásicas basada en crowdfunding pero estimulado con financiación pública adicional. La propuesta debió horrorizar a los servicios jurídicos y no prosperó, pero hace un par de meses vi que una administración lo había llevado adelante con éxito, se trata de la Junta de Extremadura que a través de la plataforma Goteo convoca líneas especiales en las que ofrece doblar la cantidad obtenida con las micro donaciones. Son dos lógicas que se complementan de forma poderosa, el crowdfunding realiza un filtro muy riguroso entre los productos o ideas que pueden funcionar a través de un jurado multitudinario como si fuera el mejor test de producto posible, mientras que la aportación pública suma su fuerza financiera para la creación de riqueza y empleo.

Del Día del Emprendedor a los ecosistemas creativos

Otro magnífico ejemplo de programas de desarrollo local de los tiempos sólidos que aún sobreviven y completan nuestras agendas, han sido las ferias de emprendedores y más concretamente el Día del Emprendedor. A este respecto recuerdo perfectamente una reunión con una Subdirectora General en la que sondeó mi opinión sobre las actividades que se programaban en torno al Día del Emprendedor y que su Ministerio subvencionaba generosamente desde hace años. Le fui muy sincero y le dije que yo las eliminaría de raíz pues eran un derroche en moquetas y catering, resultando un negocio tan sólo para los predicadores profesionales que recorren España con sus micros de diadema y sus pasadores de diapositivas, anunciando que el futuro llegará mañana. Desde mi punto de vista, el impacto de este tipo de eventos es tan efímero como unos fuegos artificiales. Con mucha satisfacción comprobé que al año siguiente desaparecieron la práctica totalidad de las subvenciones al famoso Día del Emprendedor.

Por contra considero que lo que hay que promover son comunidades estables y cohesionadas de emprendedores, innovadores y personas creativas en general, replicando a escala esos ecosistemas que se generan en torno a los barrios de universidades y empresas californianas, donde todos los días suceden cosas y la oportunidad de negocio está en el/la joven que trabaja con su portátil en la cafetería de la esquina o en la directiva de la gran compañía que te dio su tarjeta en el evento al que te invitó tu vecino. Tejer estos ecosistemas no es una tarea fácil ni rápida pero un primer paso es sustituir ese gran Día del Emprendedor por una agenda permanente de eventos, en las que todos los días existan excusas para juntarse y conocer gente, escuchar historias de éxito y también de fracasos, dar tarjetas, hacer prototipos de ideas, testar productos, mejorar tu formación, conocer nuevas técnicas, etc.

Recuerdo que en el año 2011 lo que se gastó en el Día del Emprendedor en mi región fue equivalente a lo que nosotros desde Zaragoza Activa gastamos en los eventos de todo el año. En la actualidad programamos con ese dinero más de 400 eventos al año.

De la Ventanilla Única a las redes virtuales

Y sin embargo, todo lo anterior no es suficiente para retratar la transición entre aquel mundo sólido y este universo líquido. Otro ejemplo son las ventanillas de asesoramiento e información para empresas, auténticas estructuras sólidas que se fueron instalando por toda España al calor de las subvenciones, multiplicándose y solapándose especialmente en las ciudades, conformando ese eufemismo llamado “itinerario emprendedor” pues era natural ver a un mismo joven peregrinar de una oficina a otra buscando ayuda y completando trámites como si de una gymkana se tratara. De la Cámara de Comercio a Hacienda, de la Seguridad Social a la Asociación de Pequeños Empresarios, de ahí a la Asociación de Mujeres Empresarias, a la de Jóvenes, a la de emprendedores sociales, a la Federación de Comercio, etc. Es verdad que la ventanilla única supuso un avance respecto a la racionalización y agilidad de los trámites pero al menos en Zaragoza no ha llegado a funcionar correctamente. En lo referido a las ventanillas de información y orientación poco se ha progresado y seguimos haciendo la guerra cada uno por su lado.

Mi experiencia en Zaragoza Activa es bastante singular pues no tenemos una ventanilla como tal. Lo cierto es que cuando nosotros comenzamos a trabajar en la apertura de La Azucarera a finales de 2009, los tiempos ya soplaban diferentes y recuerdo que casi por probar comenzamos a subir fotos a través de facebook. Todo ha cambiado tan deprisa que el detalle no parece significativo pero en aquel momento fuimos uno de los primeros programas públicos en España que lo hizo. En 2010 fuimos también uno de los pioneros que se abrió twitter. Durante aquellos meses de arranque nos dimos cuenta que recibíamos más mensajes por facebook o twitter que llamadas telefónicas y muchísimas más aún que visitas presenciales. Era todo un síntoma de lo que venía y eso que entonces casi nadie tenía un smartphone ni una tablet.

Apenas tres años después de abrir Zaragoza Activa habíamos volcado ya el 90% de nuestra estrategia de comunicación en las redes sociales pero quisimos dar un paso más allá y desplegamos nuestra propia red social vertical. ZAC superó los 4.000 miembros en sus primeros meses de vida durante en 2014 y aunque está todavía en fase provisional, permite la inscripción en todos los eventos de la agenda, multiplica las posibilidades de interacción entre usuarios, haciendo también más simétricas y transparentes las relaciones entre ciudadanos y la administración, mejorando además su posicionamiento profesional en Internet, e incluyendo un sistema que reconoce la implicación y la participación de cada miembro en la comunidad.

De los premios competitivos a la economía colaborativa

Voy a concluir este repaso de lo sólido y lo líquido hablando de los premios a emprendedores, otro programa clásico de los planes de desarrollo local. Los hay de todo tipo: a la empresa revelación, a la más innovadora, a la socialmente responsable, a la que mejor exporta, al que mejor se presenta, al mejor stand, etc. Se asemeja a la gala de los Premios Goya. La bondad de los premios es innegable y casi siempre suponen un aval a las empresas que los consiguen. Sin embargo hay tanta saturación de galardones y reconocimientos que -en ocasiones- coadyuvamos a la gestación de “emprendedores estrella”, esos jóvenes con talento que van enlazando premios, conferencias y distinciones pero que, una vez apagados los focos, se chocan con la cruda realidad e incluso a veces ni siquiera llegan a despegar su idea de negocio.

Por otro lado, en la concepción de todo premio subyace una lógica competitiva que es consustancial al espíritu empresarial y que conecta muy bien con el mundo competitivo actual pero que desde mi visión personal, no debe seguir siendo retroalimentado desde los programas públicos, sino que debemos actuar como contrapesos, generando fuerzas en sentido contrario, potenciando lo que nos une, lo colectivo y lo comunitario. Por ejemplo apostando por la economía colaborativa.

Sin duda el proyecto de Zaragoza Activa del que estoy más orgulloso y que representa mejor cómo adaptar el desarrollo local a los tiempos líquidos es La Colaboradora3, que definimos como un espacio físico P2P (peer to peer). Se trata de un coworking dentro de La Azucarera que combina el ambiente emprendedor e innovador de un garaje de emprendedores con la dinámica de un banco del tiempo pues los miembros no pagan por su silla de trabajo, sino que aportan ocho horas de servicios a la comunidad -Yo te hago la página web, tú traduces al inglés la carta de un tercero, etc.

Medio año después de abrir ya tiene 190 miembros activos y ha generado cientos de conexiones colaborativas. Además está siendo estudiado por varias organizaciones internacionales como una buena práctica con la que poder hackear la parálisis actual pues reúne varios ingredientes que son muy frecuentes hoy en día: disponibilidad de espacios públicos sin uso, miles de jóvenes sobradamente formados, escasez de financiación para arrancar proyectos empresariales y sobre todo, lo más importante y esperanzador de estos tiempos líquidos, cambio de actitud de una generación entera que posibilita un nuevo entramado de relaciones de confianza y ayuda mutua. La Colaboradora es en definitiva un software social (elementos blandos - líquidos) con el que superar la era del hardware inmobiliario (elementos duros - sólidos).

De este modo, he intentado presentar cuál es en mi opinión, el futuro probable de los programas de desarrollo local, al menos de aquellos que decidan adaptarse a los nuevos tiempos líquidos, en los que las certezas son sustituidas por las incertidumbres, y todo lo sólido debe comenzar a flotar si no quiere verse arrasado por las mareas que nos rodean. La sociedad ha cambiado radicalmente de 30 años a esta parte, es preciso que los programas públicos de desarrollo local muten en la misma proporción. Hay mundo más allá de los parques industriales, las subvenciones, las ventanillas, las ferias y los premios; lo encontramos en los garajes de emprendedores, la economía directa y colaborativa, el crowdfunding, los ecosistemas creativos y las redes virtuales, conformando un universo mucho menos predecible y poliédrico pero también mucho más apasionante.


1 Zigmunt Bauman (2007): Tiempos líquidos. Vivir en una época de incertidumbre. Barcelona.

2 Empresa Nacional de Innovación (ENISA), una empresa de capital público adscrita al Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, encargada de otorgar servicios de financiación para proyectos empresariales innovadores.

3 La Agencia Zaragoza Activa tiene su sede principal en La Azucarera, un edificio del siglo XIX con 4.000 metros cuadrados, y cuenta con 10 técnicos y 200.000 euros de presupuesto operativo para todos los programas y servicios. Tiene una Agenda de actividades que llega a 450 eventos/año y 22.000 usos/año, siendo los principales proyectos el Vivero de Empresas (17 oficinas), el Semillero de Ideas (Pre-incubadora para 20 proyectos/año), La Colaboradora (190 miembros), Las Armas-Made in Zaragoza (Red de economía creativa con 105 miembros), InfoActiva (Asesoramiento 900/año), ThinkZAC (Laboratorio de innovación social), y la Red ZAC (Red social con 4.000 miembros).