El patrimonio natural, factor de desarrollo local

Rafel Florenciano
Director de Node Garraf, Agència de Desenvolupament

Si hablamos de desarrollo local, es fundamental partir de la base que cualquier territorio, con independencia del tipo de actividades que conformen su estructura productiva, ha de conseguir ser competitivo en calidad ambiental, es decir, no solo respetar el medio ambiente sino gestionarlo de forma eficaz y desarrollar de forma sostenible la producción y el consumo local de bienes y servicios.

Uno de los factores clave consiste en haber definido una estrategia en relación a su patrimonio natural entendido en sentido amplio, estrategia que debe incluir entre sus objetivos dotarse de los recursos de gestión adecuados para promover en entorno favorable a todas aquellas actividades económicas vinculadas a dicho factor y que no deben centrarse únicamente en aspectos conservacionistas. Los bienes de interés colectivo, de interés para la ciudadanía, se protegen también generando actividades de valor económico respetuosas con el medio. Cualquier territorio que intente atraer actividades económicas, empresas y preservar su tejido empresarial debe partir de la consideración que debemos gestionar un sistema territorial integrado que incluya los propios recursos –los que tenemos a nuestro alcance–. La situación geográfica y el medio natural son susceptibles de ser aprovechados económicamente en agricultura, silvicultura, energía y turismo, entre otros.

En los últimos años la comarca del Garraf ha sufrido una importante transformación económica, evolucionando desde una economía basada en la industria, a otra basada en el turismo, el consumo de suelo y, en consecuencia, el de la construcción. Esta situación ha comportado un importante desequilibrio en el desarrollo económico local y, además, se ha visto agudizado por la crisis económica y financiera desde 2008 en adelante. Este hecho nos obliga a definir nuevas estrategias de futuro y una de ellas -y de forma absolutamente transversal- se debería centrar en el reconocimiento, valorización y promoción del patrimonio natural y ello es así por diferentes motivos: (i) porque el patrimonio natural es la base para generar actividades a partir del sector primario -un ámbito que ha estado olvidado hasta su casi desaparición; (ii) porque el patrimonio cultural conserva, ordena y protege el paisaje; (iii) porque un territorio ordenado facilita la atracción de nuevas empresas, actividades y personas; y (iv) porque el sector turístico no puede prescindir de una buena gestión de su entorno natural, un buen aliado y una fuente de riqueza.

Entendemos por patrimonio natural todo aquel espacio no urbanizado, que no es estrictamente urbano. Las actividades económicas vinculadas a nuestro medio natural, son entre otras, actividades tradicionales como la pesca, recurso que es necesario proteger mediante políticas conservacionistas; y la agricultura de proximidad (básicamente la viña y la huerta), actividades que en su conjunto representan una parte marginal del PIB comarcal pero que son esenciales para el equilibrio de nuestra comarca. Se incluyen también la gestión adecuada de los residuos, cada vez más importante en la búsqueda de la calidad de vida de las ciudades y el turismo, claramente vinculado al medio natural, sector que representa el 12% del PIB comarcal. Nuestra comarca tiene 30 km de playas, 3 parques protegidos con más de 260 hectáreas de alto valor ecológico y paisajístico, y una costa vinculada a la Red Natura 2000, con más de 26.000 hectáreas de zona marítima que requieren mayor protección.

Existen también otras actividades compatibles con el medio natural que pueden impulsar la economía local, como la producción agroecológica, que tiene una demanda creciente vinculada a movimientos como slow food o la producción “kilómetro cero”; la utilización de tierras susceptibles de ser explotadas en actividades de apicultura, micología, siembra de plantas aromáticas y medicinales; la ganadería no extensiva con subproductos artesanales; la acuicultura; las actividades vinculadas a la investigación, protección y recuperación del medio marino, o la mejora de especies vegetales de valor comercial; y actividades forestales vinculadas a la silvicultura (como la recolección de biomasa, una reserva energética apenas utilizada); y, por supuesto, todas aquellas actividades indirectas vinculadas a las citadas.

Además, una consecuencia directa de la promoción de dichas explotaciones favorecería igualmente la atracción del turismo de calidad, añadiendo productos turísticos vinculados al medio natural susceptibles de ser conservados y explotados. Un ejemplo de ello son las rutas para observar árboles milenarios y fósiles, el mundo y la cultura ecuestre, el Centro europeo de Espeleología, la elaboración del vino, con más de 600 años de historia local, la más antigua semilla de cerveza documentada en Europa, rutas guiadas en arqueología ibérica, castillos, ornitología, submarinismo, actividades náuticas, etc.)

Si bien el desarrollo de este tipo de actividades económicas seguirá teniendo una presencia menor en relación al PIB global de la comarca, excepto en la actividad turística, tiene a su favor un factor inmaterial cualitativamente muy importante, que es el de generar autoestima de la población local por su propio patrimonio -en la medida que es generador de calidad de vida para los ciudadanos-, y de su entorno inmediato lo cual posee además la virtud –como ya se ha señalado- de atraer de forma directa o inducida nuevas actividades no necesariamente vinculadas al medio natural, a partir de la existencia de un entorno favorable.

Sin embargo, estas estrategias de desarrollo local tendentes a equilibrar el territorio y recuperar paisajes, se enfrentan frecuentemente a diferentes situaciones que dificultan la recuperación de zonas e infraestructuras agrícolas abandonadas o semi-abandonadas, además de las dificultades propias de la gestión del medio natural, las estrategias de urbanización de los diferentes municipios, las políticas localistas, el fomento de particularismos locales, la falta de visión estratégica y la visión a corto plazo, siendo todos ellos factores que no han favorecido el desarrollo equilibrado de nuestro territorio.

Si queremos superar dichas barreras es necesario que se generen dinámicas de concertación local entre las administraciones implicadas y los sectores productivos, sin apriorismos y buscando aquellos puntos de coincidencia que en el caso del patrimonio natural difícilmente deberán ser divergentes en las economías de los diferentes municipios de la comarca.

Potenciar los propios recursos, implica incidir en la sensibilización de la ciudadanía orientada a divulgar y favorecer el consumo de productos de proximidad que, a su vez, retroalimenta la economía local y protege el medio ambiente mediante actividades compatibles con su preservación.

Vivimos momentos de dificultades en las inversiones públicas, por tanto debemos centrarnos en el desarrollo de planteamientos que tengan en cuenta las propias capacidades, las políticas de colaboración -y no de competición- a partir de objetivos compartidos, con mentalidad abierta.

Para contribuir a cambiar el modelo de desarrollo, debemos visualizar que una comarca como la del Garraf debe ser un espacio vital y útil para sus ciudadanos y donde las empresas tengan un entorno favorable para crecer y desarrollar sus actividades generadoras de empleo y buscar así el equilibrio territorial a partir de una gestión valiente y equilibrada de nuestro patrimonio natural.